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Full text of "Tales padres, tales hijos : comedia en un acto y en verso"

'A*lL 




' 



EL TEATRO. 




f 



COLECCIÓN 

DE OBRAS DRAMÁTICAS ESCOGIDAS 

POR 

LOS MEJORES AUTORES. 




■' U II 







Imprenta de la calle de San vicenle, á cargo de José 'Rodrigue z. 
1S54. 






¿£3¿- 



-_. 



... . -..--^ .,.- 




CATALOGO 

de las obras Dramáticas y Líricas de la Galeria 
EL TEATRO. 



TÍTULOS DE LAS OBRAS. 



Angela. 

Afectos de odio y amor. 

Arcanos del alma. 

Amar después de la muerte. 

Al mejor cazador... 

Bonito viaje. 

Boadicea, drama heroico. 

Con razón y sin razón. 
Cañizares y Guevara. 
Cómo se rompen palabras. 
Cosas suyas. 

Conspirar con buena suerte. 
Chismes parientes y amigos. 
Cada cual ama á su modo. 

Don Sancho el Bravo. 
Don Bernardo de Cabrera. 
De audaces es la fortuna. 

El anillo del Rey. 

El amor y la moda- 

El chai de cachemira. 

El caballero Feudal. 

Espinas de una flor. 

¡Es un ángel! 

Él 5 de agosto. 

Entre bobos anda el juego. 

El escondido y la tapada. 

En mangas de camisa. 

¡Está loca! 

El rigor délas desdichas, ó Don 
Hermógenes. 

Esperanza. 

El Gran Duque. 

El Héroe de Bailen , Loa y Coro- 
na. Poética. 



El Licenciado Vidriera. 
El Suplicio de Tántalo. 



TÍTULOS DE LAS OBRAS. 



Faltas juveniles. 

Flor de un día. 

Hacer cuenta sin la huéspeda. 
Historia china. 

Instintos de Alarcon. 
Indicios vehementes. 

Juan sin Tierra. 
Juan sin Pena. 
Juana de Arco. 

Los Amantes de Teruel. 

Los Amantes de Chinchón. 

Los Amores de la niña. 

Las Apariencias. 

La Banda de la Condesa. 

La Ballasara. 

La Creación y el Diluvio. 

La Esposa de Sancho el Bravo. 

Las Flores de do" Juan. 

La Gloria del arte. 

Las Guerras civiles. 

La Gitanilla de Madrid. 

La Hiél en copa de oro. 

La Herencia de un poeta. 

Lecciones de Amor. 

Lorenzo me llamo y Carbonero de 

Toledo. 
Lo mejor de los dados... 
Llueven hijos. 

Los dos sargentos españoles, ó la 
, linda vivandera. 
La Madre de san Fernando. 
La Verdad en el Espejo. 
La Boda de Quevedo. 

Mi mamá. . 
Misterios de Palacio. 



TALES PADRES, TALES HIJOS, 



De Don ^wíiora Guerrero. 



Representada por primera vez en el teatro del Príncipe 
el 4 de febrero de 1854. 



:^M 



■ 



MADRID. 

Imprenta de la calle de S. Vicente, á cargo de J. Rodríguez. 
1851. 



PERSONAS. ACTORES. 



EMILIA Doña Cristina Ossoiuo. 

DOÑA PRISCA Doña Lorenza Revilla. 

ALEJO D. Manuel Ossorio. 

D. LIBORIO D. Fernando Ossorio. 

D. RODULFO D. José Aliskdo. 

MAMERTO D. Victorino Tamayo. 

MARIANO D. Antonino Bermonet. 



. 



La escena pasa en Madrid. 



Esta comedia es propiedad de la Galería titulada 
El Teatro, cuyo dueño perseguirá ante la ley al que 
la reimprima ó represente en algún teatro del reino 
sin su consentimiento. 



A MI MEJOR AMIGO 



D, PEDRO IRULETA DE ALBA, 



K* PRENDA DE CARINO, 



GeodotO Cílt 



Ctt-ÍVO. 



668602 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/talespadrestales25118guer 






ACTO ÚNICO. 



Sala amueblada con lujo: á la derecha un sofá ; á la 
izquierda un velador , donde habrá un álbum , va- 
rios objetos curiosos y papeles. — Puerta al fondo; 
dos á la derecha y una á la izquierda.' — Al alzar 
el telón , D. Rodulfo , de bata , duerme en el sofá. 



ESCENA PRIMERA. 

Don Rodulfo , Mariano. 

Mariano. (Entrando.) 

Cómo ! duerme todavía? 

Son las doce ; qué cachaza! 

— Señor. 
Rodulfo. (Despierta.) Qué ocurre? 
Mariano. Ya es hora. 

Rodulfo. (Mira el reló.) 

Es verdad. — El sueño embarga 

mis sentidos. (Bosteza.) 
Mariano. Está todo 

preparado. 
Rodllfo. Hasta mañana 

no llegarán los viajeros: 



— G - 

las diligencias de España 

son muy poco diligentes. 
Mariano. Hoy llegan, señor, sin falta. 
Rodulfo. (Se levanta.) 

Me vestiré por si acaso; 

mi primo viene á mi casa 

con su familia , y no es justo 

que á recibirlos no vaya. 
Mariano. Usia no llega á tiempo. 
Rodulfo. Y Alejo? no se levanta? 
Mariano. No es posible , porque anoche 

no se ha acostado. 
Rodulfo. Esto pasa 

de lo regular! (Aprende 

de su padre! Buena alhaja!) 
(Entra por laprimera puerta de la derecha.) 

ESCENA II. 

Mariano. 

Qué educación ! Todavia 

no sé quién es el que manda; 

reina aqui la independencia; 

soy el ayuda de cámara 

del padre y del hijo; pero 

ni el hijo ni el padre pagan; 

cuanto dinero recojen 

es poco á sus vicios ; gastan 

mucho mas de lo que tienen. 

Veremos si esa muchacha 

que hoy llega , con sus pesetas 

nos arregla algo la casa. 
(Entra Alejo por el fondo, con el traje y 
el peinado algo en desorden.) 

ESCENA III. 

Alejo , Mariano. 

Alejo. Buenos dias. 

Mariano. (Con ironía.) Buenas noches. 



_ 7 — 



Alejo. 


Es verdad. 




Mariano. 


Miren qué cara! 




Alejo. 


(Se sonríe y le pone una mano en el hombro 
Son las huellas de la orgía! 





Mariano. 


Señorito, usted se mata! 




Alejo. 


Déjame dar á ese mundo 
el adiós de la esperanza; 
me caso pronto , y después 
vendrá, Mariano, la calma. 
Debe haber corrido mucho 
el hombre cuando se casa. 




Mariano. 


Cuando corre mucho, llega 
sin aliento , muerta el alma. 




Ale jo. 


No : los amores de un dia 
( Se deja caer en el sofá.) 
son alojados que pasan, 
duermen , cambian la boleta, 
y luego siguen su marcha. 




Mariano. 


Siempre pensando en amores! 
Solamente á una muchacha 
quise, y me casé con ella. 




Alejo. 


No aprendiste matemáticas 
ni lógica : dos mugeres 
valen mas que una. 




Mariano. 


Qué gracia! 




Alejo. 


Di : mi tio no ha venido? 




Mariano. 


Hoy se le espera. 




Alejo. 


Qué ganga! 
casarse con una prima 
linda, rica y provinciana! 
— Verás , Mariano , qué lujo! 




Mariano. 


La primita tiene plata? 




Alejo. 


No ; es oro : la California! 




Mariano. 


Pues nos hace buena falta! 




Alejo. 


Habrá palcos, bromas , trenes... 




Mariano 


Y mucho arreglo en la casa! 
Se pagará á los criados... 




Alejo. 


Sí : te entiendo. — Papá aguarda 
en las diligencias? 




Mariano 


No: 
está en su cuarto. 




Alejo. 


(Se levanta.) Qué calma! 





Me voy á vestir. — Escucha: 
de nadie recibas cartas, 
pues hoy no me comunico 
con ingleses ni con damas. 
(Entra por la segunda puerta.) 



Mariano. 



Liborio. 
Mariano. 



Liborio. 



Mariano. 

Liborio. 

Mariano. 

Liborio. 

Mariano. 

Liborio. 

Mariano. 
Liborio. 



Mariano. 

Liborio. 
Mariano. 

Liborio. 



ESCENA IV, 

Mariano. Después Don Liborio. 

Estos viajeros de Soria 
me hacen cobrar esperanzas 
de no perder mis atrasos, 
que son muchos. 

(Dentro.) Ah de casa! 

Algún acreedor sin duda: 
le pondré fiera la cara. 

(Entra don Liborio.) 
■ — Qué busca usted , caballero? 
La pregunta es muy estraña; 
no vive aqui don Rodulfo 
Martínez? 

Está en la cama- 
Enfermo? 

De gravedad. 
Es posible? adonde se halla? 

(Con altanería.) 
Es usted doctor? 

Qué tono! 
Yo soy Liborio Carrafa. 
Cómo! Vuecencia ... 

Vuecencia 
Esta broma es muy pesada; 
yo no tengo tratamiento: 
soy un hidalgo y me basta. 
(Si al amo doy señoría 
mas debo dar al que paga.) 
Lléveme usted á su cuarto. 
Le paso recado? — Calla! 
Aqui viene. 

Estando enfermo? 



Mariano. (Se sonríe.) Siempre aborreció la cama. 
(Sale por el fondo.) 

ESCENA V. 

Don Rodulfo , Don Liborio. 



LlBORIO. 


Rodulfo! 


RODLLFO. 


Liborio! (Se abrazan. 


Liborio. 


Dame 




otro abrazo! 


Rodllfo. 


Con el alma! 




(Vuelven á abrazarse.) 


Liborio. 


No estás bueno? 


Rodllfo. 


Sí. 


Liborio. 


El criado 




me dijo que enfermo estabas. 


Rodllfo. 


Es tonto. — Al parador iba. 




— Y tus hijos? 


Liborio. 


Con el aya 




quedaron. — El buen Rodulfo! 




Y a tenia muchas ganas 




de verte ; hace treinta años 




que dejé á Madrid. — Caramba! 




si pareces un muchacho! 


Rodllfo. 


(Con disgusto.) 




Me cuido! 


Liborio. 


No tienes canas! 


Rodllfo. 


En la corte no se estilan. 


Liborio. 


Ya ; viven aqui de farsa. 




— Aunque soy contemporáneo 




tuyo, cLialquiera se engaña; 




recuerdo el año del hambre, 




que íbamos juntos al aula... 




— Tú tienes, no me equivoco.. 


Rodllfo. 


Liborio , por Cristo ! calla! 




Esas cuentas no se ajustan; 




es de mal tono ; se guarda 




aqui la fé de bautismo 




como Lin delito que espanta; 




te aborrecerán los hombres 




y sobre todo las damas. 


Liborio. 


Nada pretendo con ellas; 






— 10 — 

desde que murió mi Clara 

— que en paz descanse — á ninguna 

le he vuelto á decir palabra. 
Rodulfo. Te has lucido! pues á mí 

siempre me gustó la caza. 

■ — Y también á tí , Liborio; 

recuerda aquella muchacha 

rechoncha, nuestra vecina, 

que so la quitaste á un guardia 

de corps. 
Liborio. (Inquieto.) Rodulfo! 
Rodulfo. (Riéndose.) Y su padre, 

amante de las casacas, 

cuando saliste de noche 

te echó un cántaro de agua. 
Liborio. (Con mayor inquietud.) 

Yo no me acuerdo... 
Rodulfo. Qué risa! 

Tú, para tomar venganza, 

con un anzuelo pescastes 

su peluca en plena sala. 
Liborio. (Mirando á su alrededor.) 

Por Dios! no recuerdes , primo, 

mi mocedad insensata. 
Rodulfo. Corriente. 
Liborio. Dónde está Alejo? 

Rodulfo. No lo sé. 
Liborio. Pues cómo? 

Rodulfo. En casa 

no durmió anoche, y... 
Liborio. Qué dices? 

No sabes dónde se halla 

un hijo de veinte años? 

Durmió en alguna posada? 
Rodulfo. (Sonriéndose.) Es un arrogante mozo! 

se me parece en la traza; 

es un tipo faslñonable; 

las bellas se lo arrebatan. 
Liborio. Me tienes espeluznado! 
Rodulfo. Pues no te asustes ; ten calma. 

Haces lo que hizo tu padre? 
Liborio. Con él de mugeres hablas? 



11 



RODULFO. 

LlBORIO. 
RoDl'LFO. 

LlBORIO. 



RODULFO. 



LlBORIO. 

RODULFO. 
LlBORIO. 



RODULFO. 

LlBORIO. 
RODULFO. 

LlBORIO. 

RODULFO. 



LlBORIO. 
RODULFO. 

LlBORIO. 



Entre los dos no hay secreto; 
somos dos hermanos. 

Calla! 
Sus aventuras me cuenta 
y le aconsejo... 

Tú? Basta! 
Exageras tu conducta! 
Qué educación! 

Esmerada! 
Cuando un sentimiento grande 
se apodera de su alma; 
cuando un placer le deleita, 
cuando sueña una esperanza, 
viene en busca de su padre 
á que su emoción comparta. 
El padre es el corazón 
del hijo. 

La confianza 
concluye con el respeto. 
Respeto! palabra vana! 
Ya te dará Alejo el pago; 
la serpiente que se amansa 
y que se esconde en el pecho 
el aguijón siempre clava. 
Los hijos deben temblar 
ante los padres! la cara 
feroz! temen y obedecen. 
Muy bien! eres , según hablas, 
un padre Nerón; tus hijos 
serán muy buenos? 

Sin tacha. 
Oh! sí : cuando estés delante; 
seguro estoy que te engañan. 



(Santiguándose.) 
Qué disparate! mis hijos... 
Sí : lo malo te lo callan, 
aunque de cierto lo saben 
todos, menos tú. 

Bobada! 
Iremos al parador, 
porque tu familia tarda. 
Vendrán al pimto. 



. 



— V2 — 

Alejo. {Dentro.) Mariano! 

Rodulfo. Es Alejo. (Se dirige al cuarto.) 
Liborio. (Haciendo cruces con las manos.) 
Grita en casa! 

ESCENA ¥1. 

Dichos, Alejo. 



Alejo. 


Hola, mi querido tio! 


Liborio. 


Alejo! (Lo abraza.) 


Alejo. 


Mis dos papas! 




Oh! sí : porque tú serás 




también pronto padre mió. 


Liborio. 


(A don Rodulfo.) 




Cómo es eso! Tú permites 




que asi se propase Alejo? 


Alejo. 


Propasarme yo? (Qué viejo!) 


Liborio. 


Me tutea! 


Rqdulfo. 


No te irrites; 




te hablará de usted. 


Alejo. 


No quiero. 




es antiguo y no se usa. 


Liborio. 


Bien, sobrino! (Cómo abusa! 




ni se ha quitado el sombrero!) 


Alejo. 


(Le pone una mano en el hombro.) 




Siendo tú de la familia 




eso ridículo fuera; 




mal al mundo pareciera 




que eres padre de mi Emilia. 


Liborio. 


Tu Emilia? Cómo! insolente! 




qué modo de hablar! 


Alejo. 


El mió? 




Pues si me parece , tio, 




que nunca fui mas prudente. 


Rodulfo. 


(A Alejo.) De tu descaro me asusto. 


Alejo. 


Muchas gracias. (Ya sabia 




que era asi.) 


Rodulfo. 


(Me lo temia.) 




(Ap. á Alejo.) 




Calla : no des un disgusto. 


Alejo . 


(Está de cólera ciego; 




qué chochez!) Quieres fumar? . 



— 13 — 



(Saca la petaca y la pre senta á don Liborio. 



Liborio. (Furioso.) (Vamos; le voy á pegar! 
qué atrevido!) 

(A don Rodulfo.) Dame fuego. 
Te pide fuego? 

Ya ves. 
Y se lo das? 

Se lo doy. 
Lo dudo y viéndolo estoy. 
Haces mal. 

Dale un revés! 
(Dejándose caer en el sofá.) 
Es antiguo. 

Por qué quieres 
que lo vaya á castigar? 
Porque es un vicio fumar. 
Gusta el humo alas mugeres. 
Uf! Esto ya no es posible 
soportarlo! yo me voy, 
porque en esta casa estoy 
viendo un desacato horrible. 
Cálmate, primo. 

Está bien ! 
Te habla de mugeres! 

Bah! 
Eso te estraua? A papá 
le gustan mucho también. 
Calla, Alejo. 

No señor. 
El las quiere á todas , tio; 
mi padre es contrario mió 
en los combates de amor. 
Esto no se debe oir: 
yo me voy. 

No lo consiento; 
no le hagas caso. 

Lo siento; 
te iba un lance á referir... 
(Suena una campanilla.) 
Rodulfo. Aqui viene tu familia. 
Liborio. Oye: me voy de tu casa 
si tu Alejo se propasa 



Alejo. 

Liborio. 

Rodulfo. 

Liborio. 

Rodulfo. 

Liborio. 

Rodulfo. 

Liborio. 

Alejo. 

Rodilfo. 

Liborio. 

Alejo. 

Liborio. 



Rodulfo. 
Liborio. 

Aleju. 



Rodulfo. 
Alejo. 



Liborio. 



Rodulfo. 



A LEJO. 



— 14 — 

y no cuente con Emilia. 
(Se dirigen los tres al fondo. Entran los 
viajeros, Mariano y dos mozos con equi- 
•) 



ESCENA VIL 

Dichos, Emilia, Mamerto, Doíña Prisca. 

Liborio. (A su familia.) Vamos. 
Rodulfo. (A Mariano.) Lleva eso allá dentro. 

(Entra Mariano cotí los mozos por la iz- 
quierda , salen en seguida y se retiran. I 
Emilia. (Sin alzar las ojos del suelo, besa la mano 
ci don Rodulfo.) 

Adiós, tio. 
Mamerto. (ídem.) Adiós. 
Rodulfo. (Me rio, 

pero callar debo.) 
Alejo. Tío, 

dócil á mi primo encuentro. 
Liborio. Bien pudieras aprender. 
Alejo. Dios me libre! (Es un novicio!) 
Liborio. Míralo : no tiene un vicio. 
Alejo. Que hayas llegado á saber. 
(Se acerca á Emilia.) 

Bravo! rostro sobrehumano! 
Emilia. (Ay!) 
Alejo. (Le coje una matio.) 

Venga esa mano, prima. 
Emilia. Ah! 
Liborio. Qué es esto? Se le arrima 

para cojerle una mano? 
(Se lanza sobre Alejo y trata de separarlo.) 

Delante de mí! Sobrino, 

suelta! 
Alejo. Por qué he de soltar? 

Liborio. (Furioso.) Vamonos! 
Rodulfo. Se vá á marchar? 

Liborio. Se vuelve por donde vino. 
Rodulfo. Es moda : la mano dan 

hoy las damas. 
Liborio. No hay ya boda! 



RüDLXFO. 
LlBORIO . 

Alejo. 

Liborio. 
Alejo. 

RODULFO 

Liborio. 



Rodulfo. 

Liborio. 

Prisca, 

Emilia. 
Liborio. 

Mamerto 



— 15 — 

no quiero! En la corte es moda. 

y todos la tocarán! 

Qué costumbres! 

No te importe; 

nada en la- mano se pega. 

Sí , cuando es listo el que juega. 

Vamos : renuncio á la corte. 

Tio , te sobra razón: 

cuando amor presta su fuego, 

suele quemarse en el juego 

con la mano el corazón. 

Deslenguado! (A don Rodulfo.) 
Ves? se atreve 

á hablarme de amor. 

Me rio; 

recuerda que estamos , tio, 

en el siglo diez y nueve. 

No le hagas caso ; no es mas 

que chanza todo. Dejemos 

esas cuestiones , y entremos, 

pues tú descansar querrás. 

Sí , Rodulfo. (Con Emilia 

no se casa un calavera; 

no es fácil que ella lo quiera, 

y me voy con mi familia.) 

Vamos? 

Vamos. 

(Buen galán 

le toca en suerte á la niña!) 

(Dios quiera que no me riña!) 

(A Mamerto poniéndole la cara grave.) 

Espérate aqui. 

(Con alegría.) (Se van!) 
(Se van por la izquierda lodos, menos Ale- 
jo y Mamerto.) 

ESCENA VIII. 

Alejo, Mamerto. 



Alejo. 



(No fue mala mi sorpresa: 
mi prima es un gran bocado! 
Ya me siento enamorado 






16 — 



Mamerto. 
Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 

Mamerto. 
Alejo. 



Mamerto. 

Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 



Mamerto. 



de esa niña.— Rica presa!) 
(Se sienta en el sofá y contempla con aire 
burlón á Mamerto que ha permanecido á un 
lado, encogido, dando vueltas á la gorra.) 

Hola, primito! (No acierto 

á acostumbrarme á esa facha; 

puede ser que haya muchacha 

que lo quiera.) Oye, Mamerto; 

acércate aqui. 

Qué quieres? 

Siéntate en este sofá. (Mamerto se sienta.) 

—Qué tal te fué por allá? 

Bien. 

Y el ramo de mugeres? 

(Riéndose.) Jí, jí, jí! Las hay muy bellas. 

(Sorprendido.) Bellas, eh? 

Muchas habia. 

Toma! Pues si yo creia 

que no te gustaban ellas. 

Mas que ellos. 

Ah! socarrón! 

pues tu padre no me dijo 

eso de tí; juzga á su hijo 

un candido santurrón. 

No se lo digas; qué miedo! 

Y por qué? . 
Si lo supiera 

un buen castigo me diera. 
(Con marcada repugnancia.) 
Castigo? Creer no puedo... 
Es verdad. 

Calla! 

Y me pega! 
Pegarte? no puede ser! 

Y quién aprende á leer 
si al cuerpo no se le llega? 
Oh! calla! Padre inhumano! 
qué sublime educación! 
enseñar una lección 
con los dedos de la mano! 

Y muy duro. — Una mañana 
me sentó la disciplina E 



— 17 — 



porque le liice a una vecina 
señas desde mi ventana. 
Me gustaba; que hay de estraño? 
Yo era hombre y ella muger; 
me está prohibido querer? 
Alejo. No, primo. 
Mamerto. Pues me hizo daño. . 

— Mas mi vecina me amaba; 
era una niña muy bella, 
y para charlar con ella 
por las noches me escapaba. 
Jí,jí! 
Alejo. (Con calor.) Muy bien: tu venganza 
fué su castigo mejor; 
nada consigue el terror; 
gana mas la confianza. 
Cuando el padre no aconseja 
el hijo sus faltas calla... 
El respeto! fiera valla 
que al hijo del padre aleja! 
Por eso vive anhelando 
dejar del padre el arrimo... (Riéndose.) 
— Já, já, já! No es cierto, primo, 
que ya me iba entusiasmando? 
Bah! quién me mete á doctor? 
Viva el mundo con sus trabas! 
— Primo , recuerdo que estabas 
hablándome de tu amor. 
— Cuánto duró tu cariño? 
Mamerto. Siempre! Dura todavía! 
Alejo. Dices verdad? 
Mamerto. A fé mia 

que la adoro. 
Alejo. Eres un niño. 

Mamerto. La distingue el corazón 
sobre las otras mugeres. 
Alejo. Es decir, que tú la quieres 

á secas, puro Platón? 
Mamerto. No entiendo. 
Alejo. Me place mucho; 

celebro tu candidez. 
Mamerto. Me dio una cita una vez; 

2 



— 18 



Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 



Mamerto. 
Alejo. 



Mamerto. 

Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 



Mamerto. 
Alejo. 



Mamerto. 
Alejo. 



huy! pero no fui. 
(Riéndose.) Qué escucho? 

Y no amaste otra después? 
Qué estás diciendo? por Dios! 
Tener dos á un tiempo? 

Dos 
es poco; mas valen tres. 
A todas las amo : es vicio ; 
amo á las malas , las buenas, 
las rubias y las morenas... 
en fin, no hallo desperdicio. 
Todas caben en tu pecho? 
Es muy noble la ambición, 
y de amor mi corazón 
nunca vive satisfecho. 
Pero las querrás á medias? 
No. 

Están juntas? 

Sí , Mamerto. 

Y no riñen? 

Sí por cierto; 
hacen dramas y comedias. 
Amo, y olvido después; 
concibe mi corazón 
cada dia una pasión : 
treinta pasiones al mes. 
Amor nunca me da enojos; 
si mil veo, adoro á mil, 
pues tengo un ferro-carril 
del corazón á los ojos. 
A todas, primo, las quiero, 
y no es fácil que se llene 
mi corazón , porque tiene 
mas huecos que un abispero. 
El anzuelo coge un pez . 
Soy mas diestro pescador; 
con red pesco en el amor, 
y entran muchas á la vez. 

Y el sueño nunca le roban 
tantas y tantas mugeres? 
Durmiendo, sueño placeres: 
no soy de los que se emboban. 



— 19 — 

Insomnios! en tu pasión 

te los produce tu bella? 

Yo me arrullo, pienso en ella, 

y duermo como un lirón. 
Mamerto. Traías con mucho desprecio 

al amor. 
Alejo. Primo , no en muciio 

suelo tenerle. 
Mamerto. Qué escucho? 

Amor es joya sin precio. 
Alejo. Joya dices? No es verdad. 

(Oh! si el amor joya fuera 

ya empeñado lo tuviera 

en el Monte de piedad.) 
-Mamerto. A dudar del amor llego! 

Qué corte! Nadie en Madrid 

muere en amorosa lid? 

Nadie se quema en su fuego? 
Alejo. No matan ya las pasiones, 

que á este siglo no se avienen, 

ni hay fuego , pues todos tienen 

de piedra los corazones. 

Ya verás lo que te espera 

en la corte apetecida; 

ya verás; esto no es vida: 

es un sueño, una quimera. (Se levanta.) 

Siempre gozando placeres 

en el café , en los salones; 

siempre pescando pasiones, 

siempre en pos de las mugeres. 

Madrid es un devaneo; 

es un continuo placer. . . 

— Me voy ; antes de comer 

me gusta dar un paseo. 
(Saca la petaca y enciende un cinarra.) 
Mamerto. Qué cigarros"! Fumaria 

si me dieses... 
Alejo. Fumas? 

Mamerto. (Riéndose.) Fumo; 

jí, jí! me gusta echar humo... 
Alejo. (Id.) Y tu padre que decia.. . 

Vaya: se luce el papú. 



— 20 — 

— Toma el cigarro ; cuidado 

que es fuerte. 
Mamerto. (Lo enciende.) Ya acostumbrado 

estoy : daño no me hará. 

Este es habano muy rico; 

nunca mejor Jo fumé. 

Papá no me da con qué.. . 
Alejo. Adiós. (Promete este chico.) 

ESCENA IX. 

Mamerto. 

Mi primo es muy campechano; 
demonio! será verdad 
lo que me dijo? — En la corte 
los hombres deben amar 
á muchas mugeres? — Bueno! 
querré á todas y á una mas. 
(Se sienta en el sofá.) 
—Para fumar el cigarro 
busco la comodidad. 
Imitaré á Alejo en todo. 
(Se recuesta lomando una postura ridicula ) 
Ay! si me viese papá! 

ESCENA X. 

Mamerto, Emilia, [Doña Prisca. 

Emilia. Mamerto, no te has vestido? 

Mamerto. No , Emilia. 

Emilia. Fumando estás? 

Mamerto. Un magnífico cigarro. 

Emilia. Bien! 

Mamerto. Me lo acaba de dar 

tu caro esposo. 
Emilia. (Con disgusto.) Mamerto! 
Mamerto. Te incomodas? Haces mal. 
Prisca. Si viene el señor ahora 

buena gresca se va á armar! 
(Se sienta en un sillón, y se duerme.) 
Mamerto. Me voy á bacer cortesano. 

— Siéntate , Emilia ; verás. 



— 21 





qué muelles tan blandos. 


Emilia. 


(Se sienta.) Sí: 




es cómodo este sofá... 




Pero no me eches el humo. 


Mamerto. 


Pronto te acostumbrarás 




con tu esposo. 


Emilia. 


(Enojada.) No le llames 




de ese modo. 


Mamerto. 


Lo será; 




es un muchacho muy guapo. 


Emilia. 


Es muy guapo , no es verdad? 


Mamerto. 


Sí. 


Emilia. 


Pero muy descarado; 




me llamó bonita. 


Mamerto. 


(Con malicia.) Ya! 


Emilia. 


Si los hombres de la corte 




son asi , no ha de costar 




mucho quererlos. 


Mamerto 


Es claro; 




cuesta poco : lo querrás. 


Emilia. 


Es la cara de Abelardo: 




de aquella estampa... 


Mamerto. 


(Restregándose las manos.) Já , já! 


Emilia. 


Soñé que se parecían. 


Mamerto. 


Y se parecen ; no hay mas! 




Jí , jí ! Con que se parecen? 




Huy ! si te oyese papá! 


Emilia. 


No lo digas! 


Mamerto, 


Me ha contado 




muchas cosas ; voy á andar 




todo Madrid con Alejo. 




ESCENA XI. 




Dichos. Alejo. 



Alejo. (Me nombra? que le dirá?) 

(Se detiene al fondo.) 
Mamerto. Dice que en Madrid se goza, 
y que el hombre debe amar, 
á muchísimas mugeres. 
Emilia. Tiene otros amores? 
Mamerto. Bah! 



— 22 





por mayor! 


Emilia. 


Conmigo entonces 




por qué se quiere casar? 


Alejo. 


(Necio! yo tengo la culpa.) 


Emilia. 


Es una infamia , pues ya 




le amaba. 


Alejo. 


(Bendita boca! 




ella se entrega ! qué tal 




la niña? No le hace falta 




que se lo vaya á esplicar.) 


Mamerto. 


Dice que se representan 




en su pecbo dramas , que bay 




un abispero... Jí , jí! 




y otras muchas cosas mas. 


Alejo. 


(Me compromete este mozo.) 




(Tose fingiendo que entra , y Emilia asusta- 




da se levanta.) 


Emilia. 


Ay! 


Alejo. 


Puedes tranquila estar. 


Mamerto. 


Pronto vuelves. 


Alejo. 


He olvidado. 




el dinero. 


Mamerto. 


(Registra sus bolsillos.)Ki un real! 




— Todo lo que me dijiste 




se lo iba al punto á contar. 


Alejo. 


Fué broma. 


Mamerto 


Bien.' — Tanto amor 




era grave enfermedad. 


Alejo. 


(Qué ocasión ! la vieja duerme.) 




(.4 Mamerto.) 




A tí te deben gustar 




las mugeres? 


Mamerto. 


Mucho! mucho! 


Alejo. 


( Coge el álbum.) 




Una colección verás. 


Mamerto 


. Una colección? (Se levanta; Alejo le dé 




el álbum y le hace sentar delante del ve- 




lador.) 


Alejo. 


Sí: toma. 


Mamerto 


. Bien. 


Alejo. 


Aqui puedes fumar 




sin que moleste á tu hermana 



23 



Alejo. 
Emilia 

Alejo. 



Emilia. 



Alejo. 



Emilia. 



el humo. (Y tu necedad.) 
Mamerto. (Abre el álbum.) 

Ah! la primera es muy linda! 
Son todas. 

(Qué me dirá?) 
(Se sienta.) 

No temas, prima; te quiero, 
y sé también respetar 
á una joven. 

Nunca tuve 
un hombre tan cerca. 

Ya: 
esas son rancias ideas 
de educación.' — Ademas, 
pronto seré tu marido, 
si es que te supe agradar. 
(Impensadamente.) 
Sí! 
Alejo. (Con entusiasmo.) 

Gracias ! — Lazo el amor 
de nuestras almas será? 
Pronunciaste esa palabra 
bella, sublime , ideal, 
que es el sello en las pasiones, 
el astro... el ensueño... el... la... 
( Ella no me ha comprendido, 
pero yo tampoco.) 

Vas 
á aturdirme. 

No me quieres? 
Mamerto. (Se levanta con el álbum en la mano. 
Esto es cosa original! 
La cara de mi vecina 
de Soria. (Le enseña la lámina.) 
Alejo. ( Se levanta.) Sí? 
Mamerto. Hasta el lunar! 

(Besa la lámina.) 
Es muy linda. (Qué importuno ! ) 
Hay otras que valen mas; 
míralas despacio. 

Bueno. 
— Mucha lástima me dá 



Emilia. 



Alejo. 



Alejo. 



Mamerto. 



— 24 — 

que estén pintadas... Jí, jí. 
Alejo. ( Es tonto.' — Vuelvo á empezar.) (Sesienta.) 

Me decías que me amabas... 
Emilia. Tú fuiste , primo... 
Alejo. Es igual; 

pura cuestión de personas; 
los dos nos queremos ya. 
— Nos casamos? 
Emilia. Si mi padre 

lo ordena... 
Alejo. Te has de casar 

si lo manda? — Quedas libre. 
(Sí: ya no se vuelve atrás.) 
— No has amado á ningún hombre? 
Emilia. A ninguno. 
Alejo. De verdad? 

(Ya cayó.) Nos parecemos; 
hoy tú me enseñas á amar. 
Emilia. Me amabas sin conocerme? 
Alejo. Qué ! te conocía ya 

en mi mente ; con tu cara, 
con tu gracia sin igual, 
con tu talle... (Y con tus onzas.) 
Emilia. (Habla con sinceridad.) 
Alejo. Emilia, te amaba en sueños! 

te adoro! 
Emilia. (Con precipitación. Yo también!... Ay! 

qué digo? 
Alejo. (Entusiasmado , le coge una mano, que ella 
trata de retirar.) 

Dame tu mano! 
Emilia. Ah ! suelta ! Voy á gritar! 
Alejo. Soy tu marido ! Aqui sello 

mi amor. (Le besa la mano.) 
Emilia. Suelta! 

Mamerto. Mi papá! 

(Al besar Alejo la mano , entran don Rodul~ 
fo y don Liborio; este retrocede asustado.' — 
Mamerto tira el cigarro. — Doña Prisca se 
despierta. — Todos se levantan de improvi- 
so. ■ — El final de esta escena y el principio 
de la siguiente deben ser muy rápidos.) 



— 25 — 



ESCENA XII. 



Dichos. Don Liborio, Don Robulfo. 



LlBOKlO. 


Qué horror! 


RODULFO. 


Golpe de teatro! 


LlBORIO- 


El demonio debe estar 




en esta casa. 


RODULFO 


, (Burlándose.) Liborio, 




desde que viniste está. 


LlBORIO. 


Déjate de bromas. — Llego... 




mi hijo se pone á fumar, 




y ese calavera besa 




la mano de Emilia. 


Alejo. 


(Se apoija en el respaldo del sofá.) 




Bah! 




Un ósculo sin malicia; 




no te debes enfadar. 


LlBORIO. 


Calla ! atreverse !... 


Alejo. 


Eso es nada; 




me atrevo á otras cosas mas . 


LlBORIO. 


Deslenguado! 


Alejo. 


Me requiebras! 




—Un hombre puede besar 




una mano que ya es suya. 


Liborio. 


Tuya su mano? — Jamás. 


Emilia. 


(Ay!) 


Liborio. 


(A Emilia.) Te arreglaré las cuentas! 




(A Mamerto.) 




Tú también , bribón ! . . . 


Mamerto 


. (Muy compungido.) Papá ! 


Liborio. 


Silencio! 


Rodulfo, 


Déjalos, primo. 




(Qué lance! Alejo es capaz 




de revolvernos á todos.) 


Alejo. 


(Viejo estúpido ! Va á dar 




un escándalo.' — Se nubla 




el cielo.) Mamerto, sal 




sin que te vea. 


Mamerto 


Qué miedo! 


Alejo. 


Vente. 



— 26 — 

Mamerto. Voy.' — (Me vá á matar ! ) 

( Salen por la segunda puerta.) 

ESCENA XIII. 

Don Liborio , Don Rodülfo , Emilia, Doña Frisca. 

Lisorio. (Que se habia quedado ensimismado, vuel- 
ve en sí.) 

Se atreve usted á dormir, 

doña Prisca , cuando está 

mi hija junto á una serpiente? 
Frisca. El cansancio... y ademas... 

no le vi . . 
Liborio. Basta! (Se vuelve y repara en la 

falta de. Mamerto.) Y Mamerto? 

Mamerto! 
Rodulfo. Calla ! estará 

en su cuarto. 
Liborio. (Exasperado.) Se ha marchado? 

qué infierno! sin esperar 

mis órdenes. — Lo pervierte 

Alejo ! me faltará 

al respeto. 
Rodulfo. Qué hobada! 

Liborio. Al punto quiero marchar 

á Soria. — Las dos adentro; 

en seguida voy allá. 
(Salen Emilia y doña Prisca por la iz- 
quierda.) 

ESCENA XIV. 

Don Liborio, Don Rodulfo. 

Rodulfo. Asi tratas á tus hijos? 

Pronto te aborrecerán. 
Liborio. (Indignado.) Alejo de tí se burla. 
Rodulfo. No es cierto. 
Liborio. Sí: vale mas 

que me aborrezcan. 
Rodulfo. No creo... 

Liborio. Bueno: deja á cada cual 

con sus costumbres. — Mañana 

mismo voy á regresar 



— 27 — 

á Soria en la diligencia; 

alguna posada habrá 

donde meternos. 
Kodulfo. Y el trato? 

Liborto. Quieres que vaya á entregar 

mi hija á un vándalo? 
Rodulfo. (Amostazado.) Qué dices? 

Tengamos la fiesta en paz! 

pues mi Alejo es un modelo 

de educación. 
Liborio. Infernal! 

Rodulfo. Al gusto del siglo. 
Liborio. Ah siglo! 

Temo una calamidad! 

(Entra por la izquierda.) 

ESCENA XV. 

Don Rodulfo. 

A la antigua está montado 

mi primo ; no tiene roce, 

y si algún mundo conoce 

es el del siglo pasado. 

— Está muy fuerte! y es viejo! (Riéndose) 

El pobre tiene una facha! 

La que es linda es la muchacha! 

Buen bocado para Alejo! 
(Sale Alejo y detrás Mamerto , agarrado de 
m brazo y examinando con recelo la escena.) 

ESCENA XVI. 



Don Rodulfo, Alejo, Mamerto. 

Alejo. Presente. (A Mamerto.) Déjame el brazo. 

.Mamerto. Vente conmigo. 

Alejo. No puedo. 

■ — Vete á vestir. 
Mamerto. Me da miedo! 

(Ya siento el disciplinazo!) 

(Entra por la izquierda.) 



28 



ESCENA XVI!. 

Alejo, Don Rodulfo. 



RoDULFO. 


Qué mozo! — Verte me alegro, 




porque tenemos que hablar. 


Alejo. 


Sin duda vas á tratar 




de la chochez de mi suegro. 


Rodulfo. 


Tu suegro no es todavía; 




malas cuentas has echado. 


Alejo. 


Le tengo bien agarrado. 


Rodulfo. 


Cómo? 


Alejo. 


La muchacha es mia. 


Rodulfo. 


No entiendo de qué manera. 


Alejo. 


Está perdida por mí. 


Rodulfo. 


Ella te lo dijo? 


Alejo. 


Sí. 


Rodulfo. 


Bah, bah! y si verdad no fuera? 


Alejo. 


De seguro : está perdida; 




tú sabes muy bien que entiendo 




estos negocios ; comprendo 




á una muger en seguida. 


Rodulfo. 


Pues es preciso que empieces 




á catequizar al tio. 




Este no es negocio mió. 


Alejo. 


Bien. 


Rodulfo. 


No te espongas dos veces. 




— Ahora es preciso mudar 




de vida: es preciso, Alejo. 


Alejo. 


(Se He.) Oh! sí: tomaré el consejo 


Rodulfo. 


Pues ya debes empezar. 




Y desde hoy quedan borradas 




las huellas de tus pasiones. 


Alejo. 


Me convencen tus razones, 




las llevaré... amortizadas. 


Rodulfo. 


Pues, Alejo, ten cuidado, 




que la fortuna es muger; 




no la sueltes, si has de ver 




tu sueño realizado. 


Alejo. 


Si ella se quiere casar, 




del padre no necesito, 



— 29 



pues vengo y la deposito 

para llevarla al altar. 
Roduleo. Es verdad. 
Alejo. No tengas miedo; 

con ella me casaré. 
Rodulfo. A su cuarto voy: veré 

si en paz arreglarlo puedo. 

ESCENA XVIII. 



Alejo. 

Va no hay remedio; me caso 
si la muchacha se empeña. 
— Voy á tratar con la dueña... 

(Vá á salir y se detiene.) 
Por vida de!... qué mal paso! 
— Emilia tiene un candor 
que enamora; me da miedo 
su padre!— Valor! no puedo 
ya renunciar á su amor. 

(Sale Mamerto con un traje antiguo 

no ridiculo.) 

ESCENA XIX. 

Alejo, Mamerto. 

Ya me vestí. 

Buenos sastres 
hay en Soria! 

(Contoneándose.) Ya lo creo. 
• — Se ha calmado mi papá? 
Nada me importa saherlo. 
A mí sí. 

Tampoco. 

Vaya! 
es un tigre! 

No comprendo 
cómo vives con un padre 
que es con sus hijos tan tiero. 
El sistema del terror 
no da resultados buenos. 
(lomo sé que si me caso 



Mamerto. 
Alejo. 

Mamerto. 

Alejo. 
Mamerto. 
Alejo. 
Mamerto. 

Alejo. 



Mamerto, 



— 30 





salgo del poder paterno, 




en cuanto encuentre una chica 




que me guiñe, estoy dispuesto 




á hacer una atrocidad. 


Alejo. 


Esto se consigue. 


Mamerto. 


Alejo, 




digo verdad. 


Alejo. 


(Este mozo 




es listo.) Escucha, Mamerto: 




vé al cuarto y di á doña^Prisca 




que hablar con ella deseo; 




que no se entere tu padre . 


Mamerto. 


Jí, jí! Contrabando! Bueno. 


Alejo. 


Tu padre te lleva á Soria 




si tu hermana... 


Mamerto. 


Voy corriendo. 


Alejo. 


Cuidado! 


Mamerto. 


No: "soy muy listo. 


Alejo. 


Pierdes si eres indiscreto. 



ESCENA XX. 

Alejo. 

Si el aya me apoya, el padre 
el grito pondrá en los cielos. 
—Se me olvidaba: volví 
á casa á buscar dinero 
para pagar el importe 
de la cena: ya no puedo 
con el amor de Felisa; 
Examina sus bolsillos.) 
me cuesta muy caro. — Tengo 
para el aya lo bastante: 
oh! se amansará al momento 
con el brillo de la plata. 
Aquí viene el cancerbero. 

ESCENA XXI. 





Alejo,' Dona Prisca. 


Pbisca. 


Me llama usted? 


Alejo. 


Sí, señora; 



— 31 





hice el encargo á Mamerto... 






— Siéntese usted. 




Prisca. 


(Es amable.) (Se sientan 


•) 


Alejo. 


Usté es muger? 




Prisca. 


Por supuesto! 
Qué pregunta! — Y muy sensible! 




Alejo. 


No se altere usted. Deseo 
que dejemos consignado 
que es usted muger. 




Prisca. 


No entiendo. 




Alejo. 


Y usted tendrá corazón? 




Prisca . 


Cómo? 




Alejo. 


le tuvo en sus tiempos. 




Prisca. 


Qué insulto! Yo no he tenido 
tiempos! 




Alejo. 


Señora... 




Prisca. 


(Exaltada.) Es que... 




Alejo. 


Pero... 




Prisca. 


Nada, nada... 




Alejo. 


Sin embargo... 




Prisca. 


(Con voz muy destemplada.) 
No! yo no he tenido eso! 




Alejo. 


Serénese usted: decía 
que una muger,. en teniendo 
corazón, comprende pronto 
si sufre un amante pecho 
la manera de calmarlo: 
amo con ardor, con fuego; 
pero hay obstáculos grandes... 




Prisca. 


(Con coquetería.) 

(Habla de mí?) Don Alejo!... 




Alejo. 


Obstáculos que se vencen 
con amor. (Y con dinero. ) 
Por eso la llamo á usted. 




Prisca. 


A mí? 




Alejo. 


Sí: usted, sin saberlo, 
tiene mi dicha en sus manos; 
á todo me hallo dispuesto 
antes que ceder. 




Prisca. 


De veras? 




Alejo. 


Si usted no acogí? mis ruegos 
seré infeliz. 





— 32 — 

Prisca. (Virgen santa! 

es tan buen mozo!) 
Alejo. Me atrevo 

á asegurar... 
Prisca. Ay! 

Alejo. (Suspira!) 

Prisca. Mi honor siempre... 
Alejo. No pretendo 

mas que una cosa. (Le coge una mano.) 
Prisca. (Virtud, 

no me abandones!) 
Alejo. No creo 

justa la esquivez. (Parecen 

cinco espárragos sus dedos.) 

Necesito hablar con ella. 
Prisca. (Afectada.) Con quién? 
Alejo. Con Emilia. 

Prisca. (Se levanta.) (Ah perro! 

perdí la última ilusión! 

Cuándo á verme en otra vuelvo?) 
Alejo. (ídem.) Me abandona usted , señora? 

Prisca. En este asunto no puedo... 
Alejo. (Ahora voy á convencerla.) 

Vamos: haciendo un esfuerzo... 
(Le pone en la mano cuatro duros.) 
Prisca. Dinero á mí? — Cuatro duros! 
(Examina las monedas.) 

Son nuevecitos. 
Alejo. Sí: nuevos. 

Prisca. Qué descaro! nunca sirvo 

á los hombres por dinero. 
(Mete las monedas en el bolsillo.) 
Alejo. (Pero lo guarda.) Las horas 

pasan pronto. 
Prisca. Ya lo creo. 

Dentro de poco nos vamos. 
Alejo. Por esa razón espero 

que usted me ayude, señora. 
Prisca. Hacer cuanto pueda ofrezco. 

A Emilia diré que salga. 
Alejo. Aprisa. 

Prisca. Vendrá al momento. 



— 33 — 
ESCENA XXil. 

Alejo. 

Ah! respiro! el aya es mia. 
• — Tío, ya no me das miedo... 
Sin embargo, es hombre duro 
y descuidarme no debo, 
pues si persiste en su idea 
desbarata mi proyecto. 
— Emilia viene... Es muy linda! 
Adiós, celibatos sueños! 





ESCENA XXIII. 




Alejo, Emilia. 


Emilia. 


(Desde la puerta.) Aqui estoy. 


Alejo. 


Entra segura, 




que serás muy respetada. 




— Hoy la luz de tu hermosura 




con los rayos que fulgura, 




mi casa tiene alumbrada. 


Emilia. 


(Entra.) Gracias. 


Alejo. 


Siéntate á mi lado. 


Emilia. 


No, Aleje. 


Alejo. 


Por qué? 


Emilia. 


No quiero. 


Alejo. 


Por qué?— No tengas cuidado: 




(Riéndose.) aunque lobo encarnizado 




sé respetar al cordero. 




—Siéntate á mi lado. 


Emilia. 


Bueno ; 




pero habla pronto. 


Alejo. 


Al instante: 




con el calor de un amante 




que entra en la cuestión de lleno. 




— Me amas? 


Emilia. 


Sí. 


Alejo. 


Pues es bastante. 


Emilia. 


No entiendo... 


Alejo. 


Ni yo tampoco. 


Emilia. 


Cómo! 


Alejo. 


Me basta saber 

3 



- 34 — 

tu amor: no me llames loco; 
pero hay mil cosas eme hacer 
y el tiempo que resta es poco. 

Emilia. El tiempo? 

Alejo. A Soria no vuelves? 

Emilia. Sí, Alejo. 

Alejo. Vas á marcharte? 

Emilia. Qué he de hacer, primo? 

Alejo. Quedarte. 

Emilia. Con quién? 

Alejo. Conmigo. — Resuelves 

ir sin mí á ninguna parte? 

Emilia. Alejo , yo bien quisiera, 
pero mi padre se opone 
á la boda. 

Alejo. Bueno fuera! 

no casarnos! Qué supone 
el que tu padre no quiera? 

Emilia. Supone mucho. ' 

Alejo. (El demonio 

cargue con mi tio!) Escucha: 
si tu voluntad es mucha, 
haremos el matrimonio: 
feroz con tu padre lucha. 
Cuando una muger se empeña 
en casarse con su amante, 
nada en su contra es bastante; 
de su corazón es dueña 
y se decide al instante. 
Si me quieres... 

Emilia. Ay, Alejo! 

tengo miedo : soy cobarde 
y á tu discreción lo dejo. 
Si me dieras un consejo... 

Alejo. , Seré breve , pues es tarde. 

Cuando aqui tu padre venga, 
el permiso sin reparo 
le pides : le cantas claro. 

Emilia. Acaso valor no tenga 
para decir... 

Alejo. Pues es raro! 

Los goces que hayas soñado, 



— 35 — 

Emilia, los pierdes hoy. 
Emilia. (Con decisión.) No. 
Alejo. Te quedas? 

Emilia. Has triunfado. 

Alejo. (Le coje una mano.) Gracias! 
(Mucho la amo ó soy 

un cómico consumado!) 

Gracias! 
Emilia. Alejo , me quedo 

pues naciste para mí; 

pero á papá tengo miedo. 
Alejo. (Y yo.) Asegurarte puedo 

que accede. 
Emilia. De veras? 

Alejo. Sí. 

Emilia. Temblando estoy que papá 

venga , porque si se irrita... 
Alejo. Descuida : se calmará. 

Me querrás siempre? 
Emilia. Sí. 

Alejo. (Ya 

ni el demonio me la quita.) 

ESCENA XXIV. 

Dichos, Mamerto. 

Mamerto. Papá llama ; no has oido? 

Emilia. Voy. 

Alejo. (La detiene.) No te muevas de aqui. 

Mamerto. Emilia se queda? 

Alejo. Sí: 

se queda con su marido. 
Mamerto. Cáspita! qué adelantado 

vuestro negocio me encuentro! 

Di : mientras estuve adentro 

con mi hermana te has casado? 
Alejo. Es mucho materialismo; 

hoy no es mi esposa tu hermana, 

pero lo será mañana. 
Mamerto. No es para el caso lo mismo, 

Alejo, porque yo infiero 

que marchándose papá... 



3G 



Alejo. 


Es que Emilia no se v;í! 


Mamerto. 


Por qué? 


Alejo. 


Porque yo no quiero. 


Mamerto. 


Buena razón! 


Alejo. 


Que á probarte 




con otra razón rae obligo; 




si ella se casa conmigo... 


Mamerto. 


(A Emilia.) De veras? quieres casarte? 


Emilia. 


Le amo. 


Mamerto. 


Haces bien : eres dueña 




de tu amor ; te lo aconsejo 




porque sabe mucbo Alejo: 




ya verás lo que te enseña. 




Yo también me casaría. . . 




(Vé entrar á don Liborio y á don Rodulfo.) 




Vienen los papas! ay Dios! 


Alejo. 


Caras feroces los dos 




y me salgo con la mia. 



ESCENA ULTÍEM. 

Dichos, Don Liborio, Don Rodulfo. 



Liborio. 


Es en vano; que me quede 




no lo consigues. — Lo ves? 




aqui están juntos los tres! 




Esto sufrirse no puede! 




El remedio es necesario 




al punto, si he de cortar 




el mal. 


Rodulfo. 


Te quieres callar? 




no seas estrafalario. 


Liborio. 


Bien , bien: el clavo remacha. 


Rodulfo. 


Pero á qué viene el marcharse? 




No ves que quieren casarse? 


Liborio. 


Solo tu hijo. 


Rodulfo. 


Y la muchacha. 


Liborio. 


Eso no es verdad. Emilia, 




le diste esperanza, di, 




á ese loco? 


Alejo. 


(Bajo á Emilia.) Ánimo. 


Emilia. 


Sí. 


Liborio. 


(Furioso.) Reniegas de tu familia? 



37 



Emilia. Yo? 

Alejo. (Bajo.) Firme! 

Emilia. Me ha prometido. 

Alejo. (Id.) Bien. 

Liborio. Calla. 

Alejo. Tío , qué quieres? 

te vencí : con las mugeres 

siempre tuve gran partido. 
Rodulfo. Primo , debes acceder. 
Liborio. Calla! calla! esto es horrible! 

Vamonos! seré inflexible. 
Alejo. Tío , si al fin ha de ser, 

á qué entablar la querella 

y dar una campanada? 
Liborio. Dala pues : me importa nada. 
Alejo. Yo me he de casar con ella. 
Liborio. Lo veremos: me opondré. 
Alejo. Mal hecho ; qué sacarás? 
Liborio. Qué? que no te casarás. 
Alejo. A la ley acudiré. 
Liborio. De la ley se me dá un pito. 
Alejo. La ley mi dicha asegura, 

pues voy á la gefatura 

y al punto la deposito. 
Liborio. Qué es eso? depositar! 

á quién? 
Rodolfo. A tu Emilia. 

Liborio. Espera; 

es preciso que ella quiera. 
Emilia. (Precipitadamente.) 

Yo si me quiero casar. 
Liborio. Hija infame! maldición! 
Alejo. Calma, tio! 
Liborio. (Amenazándole.) Calla, Alejo! 
Alejo. (Riéndose.) Pareces un padre viejo 

de un drama de Calderón. 
Liborio. (Mi propiedad los ajenos 

me roban!) 
Mamerto. (Ap. á Emilia.) Furioso está! 

Luego á solas nos dará 

cuarenta azotes lo menos! 
Rodulfo. Primo, decídete. 



Alejo. 


Vamos; 




si ella á casarse ha venido, 




se ha de volver sin marido? 


Liborio. 


Por vida de!... 


Alejo. 


Nos casamos? 


RODULFO. 


Se casarán? 


LlBORIO. 


No por cierto. 


Alejo. 


No? 


Liborio. 


Bien: cásense en buen hora, 




porque yo me vuelvo ahora. . . 


Alejo. 


_ Solo, tio. 


Liborio. 


Con Mamerto. 


Mamerto. 


(Me gusta.) 


Liborio. 


Me voy de aquí. 




Emilia , solo te pido 




que me olvides cual te olvido; 




no te acuerdes mas de mí. 


Emilia. 


Papá , por Dios! 


Liborio. 


Si no puedo 




mi autoridad oponer, 




ya sé lo que debo hacer. 


Emilia. 


Papá! 


Liborio. 


Sí: te desheredo! 




(Movimiento general de sobresalto.) 


Emilia. 


Perdona! 


Alejo. 


Qué dices , tio? 




La quieres desheredar? 


Liborio. 


Sí, señor : debo vengar 




tu maldad y su desvio! 


Rodulfo. 


Eres un padre tirano! 


Liborio. 


Bueno. 


Alejo. 


(Mi astucia me valga, 




y salga por donde salga: 




tiempo hay de aceptar su mano.) 




Querido tio, eso no: 




del amor de su familia 




he de privar á mi Emilia? 




Primero es ella que yo. 




Si este matrimonio labra 




su desdicha, atrás me vuelvo. 




Emilia , sí , te devuelvo 




mi promesa y tu palabra. 



39 



Emilia, 
ííodülfo. 

LlBORIO. 



Alejo. 



Emilia. 
Alejo. 



Emilia. 
Rodulfo 

LlBORIO. 



Alejo. 



Liborio. 
Emilia. 
Rodulfo 
Alejo. 



Ah! (Se cubre el rostro con las ¡nanos.) 
Primo! 

(Escallado.) Siglo de cobre! 

siglo de vil interés! 

La abandonas , porque ves 

que tu Emilia queda pobre! 

No por cierto. (Me ha cogido; 

pero á la muchacha quiero 

y siempre fui caballero.) 
(Se dirige ci Emilia y le coje una mano.) 

Emilia, sov tu marido. 

Ah! 

Mi corazón te abona, 

que no me engañó jamás; 

en mí un apoyo tendrás, 

pues tu padre te abandona. 

Será firme mi pasión; 

trabajaré , que soy hombre, 

y te doy sin mancha un nombre 

y sin mancha un corazón. 

Pues pobre soy , sin bambolla 

en el mundo viviremos, 

y queriéndonos, diremos: 

«contigo pan y cebolla.» 

Alejo, qué corazón 

tan puro y noble me ofreces! 

Liborio, no te enterneces! 
(Enternecido .) 

Yo... yo... (Pues tiene razón: 

Alejo me ha enternecido.) 

(Buena ocasión : blando está.) 

Ay , tio... digo, papá... 
(Todos rodean á don Liborio, que vacila y 
al fin por un arranque coge la mano de 
Emilia y la pone en la de Alejo.) 

Vamos, serás su marido. 

Qué gusto! 

(Venció !) 

(A Emilia.) Eres mia! 

me pertenece tu mano! 

— Tio, ya no eres tirano; 

hoy te canonizaría. 



— 40 — 

Mamerto. (Se adelanta y dice á Emilia.) 

Bien : pues saliste del paso, 

recibe mi enhorabuena; 

pero es hoy mayor mi pena. 

— Papá , y yo con quién me caso? 
(Don Liborio le dá un azote.) 
, Rodulfo. A comer. 
Alejo. Muy bien pensado. 

Los lazos de la familia 

hoy mas los estrecha Emilia 

con ese nudo sagrado. 

Sí , tio ; mi corazón 

es suyo ; feliz la haré. 

Si otros hijos tiene usté 

déles otra educación. 
Liborio. Gracias ; pero en nuevo yugo 

no pienso ni me corrijo. 
Alejo. El padre que pega al hijo 

mas que padre es un verdugo. 

Siempre vence la razón 

si media la confianza; 

solo con esta se alcanza 

una buena educación. 



FIN DE LA COMEDIA. 



GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE MADRID. 



Madrid 19 de diciembre de 1853. 

Examinada por el señor censor de turno , y 
de conformidad con su dictamen , puede repre- 
sentarse. 

Zaragoza. 



TÍTULOS DE LAS OBRAS. 



Nobleza contra Nobleza. 
Negro y Blanco. 
Ninguno se entiende. 
No hay amigo para amigo. 
No es la Reina!!! 

Para heridas las de honor 

desagravio del Cid. 
Pescar á rio revuelto. 



ó el 



TÍTULOS DE LAS OBRAS. 






San Isidro {Patrón de Madrid). 
Su imagen. 

Trabajar por cuenta agena. 
Traidor, inconfeso y mártir. 

Un Amor á k moda. 
Una conjuración femenina. 
Un dómine eomo hay "pocos. 
Una llave y un sombrero. 
Una lección de corle. 
Una mujer misteriosa. 
Una mentira inocente. 
Una noche en blanco. 
Un paje y un Caballero 
Una falta. 

Ultima noche de Camoens. 
Una historia del dia. 



, ZARZUELAS. 

El ensayo de una ópera. 

Mateo y Matea. 

El sueño de una noche de verano. 

El Secreto de la Reina. 

Escenas en Chamberí. 

A última hora. 

Al amanecer. 

Un sombrero de paja. 

La Espada dé Bernardo. 

El Valle de Andorra. 

El Dominó Azul. 

La Cotorra. 

Jugar con fuego. 

El estreno de un artista. 

El marques de Caravaca. . 

El Grumete. 

La litera del Oidor. 

Gracias á Dios que está puesta la 

mesa. 
La Estrella de Madrid (música). 






' 






• 



Tres para una. 
La Cisterna encantada. 
Carlos Broschi. 
Galanteos en Venecia. 
Un dia de reinado. 
La Cacería Real. 

• 

"■ 






■' 



• 









• 






A 



■ 



La Dirección de El Teatro se halla establecida en Madrid, calle 
de Tudescos, núm. 21, cuarto principal. 






PUNTOS OE VENTA 



OJUT 



Madrid: librer 



i 

Albacete. ' 

Alcoy* 

Algeciras. 

Alicante. 

Almería. . 

Aranjuez. 

Avila. 



Cuenca. 

Castellón. , 

Ciudad-Real. ' 

Coruña. 

Cartagena . 

Chiclana. 

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PROVINCIAS. 



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Puerto de Santa 

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Puerto-Rico. 
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Sanlucar. 
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Sta. Cruz de Te- 



Ballesteros. 
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Puygrubi. 

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Segovia. 
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Toledo. 

Teruel. 

Tuy. 

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Valencia. 

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Vitoria. 

VillanuevayGel- 
trú. , Pers y Ricart. 

Zamora. Calamita. 

Zaragoza. Viuda de Hcre- 

dia. 



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COLLECTION 




THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT 

CHAPEL HILL 



PQ6217 


.T44 


v.251 


no. 1-1